El motor de la vida.

Yo creo que todos perseguimos algo en la vida, es decir, siempre estamos en busca de algo y muchas veces ni si quiera sabemos que es. Y me refiero a algo que va más allá de los mandatos sociales preestablecidos que “debemos” seguir. Me refiero a algo que quema dentro, a algo que permanece dormido dentro nuestro, esperando salir.
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En mi caso, lo que poco o mucho (siempre va a depender desde donde se mire y desde quien lo mire) experimenté, me llevo a vivir una serie de sensaciones y emociones que desde que lo viví por primera vez, de esa forma tan intensa, no hago otra cosa que esperar para volver a sentirme de esa forma otra vez.
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Y si, ya se que me van a decir: “no esperes, haz que pase”.
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Hay momentos que son ahora o nunca y hay otros, que aún no deben ser. En mi caso, estoy trabajando en ello.
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Pero, volviendo, esas sensaciones de las que hablo, surgieron en 2 viajes distintos en particular, uno realizado en familia al Norte argentino y otro, realizado en pareja y con amigos a la Patagonia argentina. Si bien también las he logrado experimentar nuevamente en unos viajes espontáneos y recientes, fueron de una manera mucho más fugaz que aquellas dos primeras veces.
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Siento que eso que experimenté es como una especie de motor en mi vida. Algo que no quiero no volver a sentir y por consiguiente, algo por lo que voy a seguir luchando.
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Si, ya se! Estoy hablando de viajes,  algo que está un poco mucho de moda en estos tiempos, pero no importa. Lo peculiar, por así describirlo momentáneamente, es que no lo siento cada vez que viajo. Si bien cada vez que viajo, aunque sea por unas pocas horas, renuevo energías y me lleno de felicidad, no todos los viajes me generan lo mismo que las veces que describo anteriormente. Más allá de saber que, no siempre experimentamos lo mismo dos veces. De todos modos creo que es posible sentirme así otra vez.
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Entonces, si hablamos de que siempre nos falta algo, porque por defecto la falta es nuestro motor en la vida,  yo voy en busca de esas sensaciones que hasta ahora, solo las he encontrado en “la ruta”, pero sobre todo, en la inmensidad de la naturaleza.
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He intentado encontrar una explicación que me sirva, al menos por ahora, de por qué esas dos veces en particular me sentí de esa forma. Y aunque ha sido un poco inútil, me animaría a decir que, lo que diferencia esas veces de las otras, es la conciencia del momento. Como si aquellas veces me hubiera sentido parte de ese todo inmenso que me rodeaba y que se unía todo a la vez. Conciencia que tal vez no he logrado volver a experimentar, ni generar.
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Seguro a más de uno le pasó de sentirse chiquito frente a una gran montaña, o perdido dentro de un gran bosque, o con ansiedad y emoción frente a un precipicio, etc, los ejemplos pueden ser infinitos.
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Pero más allá de todo eso, lo que generó en mi viajar y encontrarme frente a la grandeza de la naturaleza, fue un profundo sentimiento de libertad y
plenitud. No lo puedo explicar muy bien, porque tampoco lo termino de entender, pero fue una mezcla de sensaciones y emociones que me invadieron el alma y el cuerpo haciéndome sentir como si nada faltara. Fue como si el tiempo se detuviese. Me sentí como adormecida, pero más viva que nunca.
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Desde ese momento, no hago otra cosa más que ir en busca de eso. Ese es, al menos por ahora, mi motor en la vida. Volver a sentirme de esa forma tan extasiante y “peculiar”. Me gusta la palabra peculiar, porque es una mezcla de cosas, y describe en parte, un poco como me sentí. Aunque también podría decir que fue “magico”, pero con este termino no me termino de hallar. (Esto tal vez sea una discusión para otro momento).
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Pero, volviendo al tema y por último, esto que les cuento, y son los primeros en saberlo, es mi motor día a día. Aunque siento que cada vez estoy más cerca de ello, por ahora es una añoranza, sobre todo en tiempos donde la libertad está siendo reducida.
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PD: si quieren entender un poco más a lo que me refiero, les dejo los títulos de los escritos que lo representan. Que fueron el resultado de aquello vivido. “La viajera” y “Momentos en caja de Cristal”. Ambos escritos pueden encontrarlos en el blog.
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Atte, CRE.

Córdoba querida.

La verdad es que no suelo hallarme en fotos donde se muestra la ciudad, ciudad en general. Me cuesta mucho, por más linda que sea la foto, me cuesta romper con la tosquedad del asfalto y poder ver más allá, aunque haya mucho para ver.
Pero en este caso, después de tantos años que vivo en Córdoba, este atardecer me recordó un poco viejas sensaciones de cuando vine a vivir por primera vez a esta bella ciudad.
Los colores de la imagen me transmiten paz y calma, en una ciudad, un mundo, cambiante, caótico y fugaz.
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Esta vez, la foto de la ciudad me gustó y quise compartirla con uds.
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CRE
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Las estrellas y la manta en el piso.


Hoy me detuve a observar el cielo nocturno y noté a Sirius y Canopus. Automáticamente me transporté a aquella noche en la que tiramos una mantita en el pasto y nos pusimos a ver cuáles estrellas eran las más brillantes. Vos, con tu programa en el celu averiguando nombres y datos que no entendiamos como es posible que alguien los sepa y yo aferrada a tu pecho escuchandote hablar.

Mientras más tiempo pasábamos afuera observando, con mayor intensidad las estrellas parecían brillar.
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Esa noche, las estrellas se encendieron y en la inmensidad de la noche, la oscuridad brilló.
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Hoy, cada vez que veo hacia arriba, nos veo, amor.

CRE

Carta N°1: Lo que pasa es que… te quiero. 7 de octubre del 2020.


En mis intentos de cuidar mi vulnerabilidad me alejo y me vuelvo distante, y hasta un poco cobarde, pero mi juicio con vos no suele inclinarse hacia lo racional. Me alejo buscando pretextos, como si mi corazón se sintiera más a salvo por intentar no sentir.
Podría nombrar algunas cosas por las cuales preferiría ser cobarde. Como, por ejemplo, que tengo miedo, miedo de sufrir, de dar ese paso y enamorarme de vos, de que no haya marcha atrás. Tengo miedo de sentirme tan bien con vos sabiendo que comenzamos algo que no vamos a terminar, que estamos en parte limitados, corriendo a contra tiempo. Pero también tengo miedo de no dejarme llevar.
Pasa también, que me da miedo decir algo de más y que algo cambie. Y me gusta esto así. Aunque también siento que nada de lo que diga podría cambiar sustancialmente esto que tenemos.
Pero, no te voy a mentir, ¿Sabes?
Siento que vuelo, y que lindo es volar. Cuando estas conmigo me transporto a otra realidad.

También tengo ganas de no suponer ni tener que especular, tengo ganas de vivir con ganas, sin tener que limitarme, de dejarme llevar por la intuición.

En realidad, lo que pasa es que quiero sacar a patadas los miedos, que lo mutuo se deje fluir. ¿Sabes?
Entonces, si dejase de lado las excusas, si corriese a patadas mis miedos, si decidiese adentrarme otra vez, te diría que:

En realidad, lo que pasa es que… es que te quiero. Si, te quiero. Te quiero cerca, a mi lado, arriba, abajo, te quiero acá, conmigo, cuando estas y cuando no.
Te quiero cuando nos miramos fijo y hago una tontera porque estoy nerviosa y tus ojitos verdes brillan.
Te quiero cuando te vas y nos cuestan las despedidas y te quiero más aún cuando te quedas sin querer, en un recuerdo, en una canción, en el olor de mi almohada.

En definitiva, te quiero. Pero, quererte no es de cobarde y decirlo, tampoco. Aunque a veces en mi cobardía me vuelva distante.

CRE

Lo que poco a poco crece. (La historia a continuación de Extrañando a un Extraño).

Apareciste en mi vida como los rayos de luz que se cuelan entre los árboles de un bosque oscuro.
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Todo comenzó como un juego de seducción, de atracción, de picardía. Pero poco a poco se fue convirtiendo en compañía, en ternura, en risas y mimos a la distancia.
Poco a poco iba creciendo este amor que no para de crecer y me brota de la piel.
Poco a poco nos fuimos tocando sin tocarnos. Poco a poco nos fuimos acercando aún en la distancia.
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De a poco nos fuimos conociendo y dejando conocer.
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Nuestros miedos nos acompañaron, pero muchas veces se hicieron más pequeños. Porque junto a vos, mis miedos no parecen tan grandes.
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Fuimos hablando de sueños y pasiones, de gustos, de experiencias pasadas. De lo que no nos gusta y de algunos errores que cometimos. Hasta de la menta granizada.
Hablamos de lo lindo de la vida, de lo que alguna vez soñamos y anhelamos.
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Poco a poco te convertiste en una parte mía que creí perdida o que nunca creí que lograse ser real.
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La virtualidad ayudó, pero llegó un momento en el que no fue suficiente. Necesitamos tener nuestros cuerpos juntos y darnos calor.
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Encontramos la forma, y nos reencontramos.
Y desde ese día, mi amor por vos no deja de crecer.
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La conexión y la piel que tenemos no hacen más que sumar a la felicidad, a la plenitud que siento junto a vos.
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Rompiste las cadenas de sueños que guarde hace tiempo bajo llave, pensando que no los iba a poder cumplir.
Me hiciste volver a creer en el amor, ese amor que anhelaba, que creía utópico. Me hiciste dar cuenta que muchas cosas de las que pienso no son determinantes, que puedo cambiar de parecer y de sentir al respecto. Que si es por amor puro y sano vale la pena interlo.
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Me hiciste volver a creer que existe alguien ahí afuera que puede querer compartir con vos tus mismas ganas de vivir la vida.
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Me hiciste hacer foco a cosas que creía perdidas dentro de mi.
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Me hiciste volver a soñar.
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Por todo esto y más es que te digo: gracias.

CRE

Revolución.

Un día, en un tono un poco desafiante (en un intento de ocultar el miedo que tenía a revelar mis verdaderos sentimientos), sin mirarte a los ojos te dije:
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》Vos a mi no me amas, no me podes amar aún.
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Me agarraste suave la cara, (yo aún tenía la mirada perdida y las mejillas color carmesí, producto de la excitación que me generó dicho acto) y muy tranquilo me respondiste:
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》Si que puedo amarte y te amo. Independientemente de lo que vos sientas. Lo único que quiero, es verte feliz.
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En ese momento, algo adentro mío se movilizó como nunca creí que podría hacerlo. No me salió más que asentir.
Creo que nuestras miradas dijeron lo que nuestras bocas no pudieron reproducir.

Ese día compendí que, amarnos en un mundo donde
la indiferencia es el común denominador, donde se juega al intentar no sentir, aquel acto, había sido una verdadera revolución.

CRE

Ojalá sea un hasta luego.

Antes de partir, ella le dijo:
Una vez me dijiste que “siempre llega alguien mejor”, pero lo que pasa es que yo no quiero esperar a que llegue alguien más, porque ese alguien sos vos. Lo que pasa es que, yo quiero intentarlo con vos.

Luego de esas palabras y entre lágrimas que recorrían sus mejillas, se miraron a los ojos, se abrazaron y se besaron como si fuera a ser la última vez.

Tal vez sea un hasta pronto, los dos pensaron sin decirlo. Aunque también pensaron que tal vez no vaya a haber un después.

Lentamente cada uno tomó su camino, intentando no mirar atrás, como si ello fuera posible.
CRE