Dejarse llevar

Miradas, algo que parece tan simple pero es a la vez tan profundo.

Aquellas miradas penetrantes de las cuales no puedes salir ileso.

El enredarse entre ellas, dos miradas que se cruzan sin querer queriendo, sabiendo que no saben si podrán volver, volver de ese viaje de ida que incita a no frenar.

Ese viaje de ida el cual la vista obnubila dejando así que los sentimientos tomen el control. Que los sentidos se vuelvan valientes y valgan más que un pensamiento, donde un beso sea el motor, seguido de caricias que alimentan las ganas de seguir. Y entonces:

Cruzarse, conocerse, mirarse sin querer queriendo.

Correr, chocarse, escapar, volver, fundirse en uno.

Querer, soñar, caer, volver a intentar y seguir queriendo.

Dejarse envolver en esa magia que implica tocar el cielo con las manos.

Todo eso y más; que sea lo que quieras, o mejor aún, que sea lo que queramos.

Sin importar cuánto dure ya que todo dura lo que tiene que durar, aunque podríamos ser eternos si quisiéramos.

Sin importar, cedamos, dejémonos llevar por la intuición, por aquello que nos acelera el corazón de solo pensarlo.

Autor/a: Camila Ruiz Echegaray

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