Aún estamos a tiempo.

Este escrito es producto de una reflexión que realice en base al escrito de una bloggera: molyandersen.wordpress.com
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Muchas veces pensamos y sentimos que lo que alguna vez quisimos y soñamos, ya no lo vamos a cumplir y hasta nos convencemos de que son cosas que ya no queremos.
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De hecho, muchas veces archivamos un montón de sueños debajo de la cama, en una caja que lo único que hace es acumular polvo con el paso del tiempo.
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Pero lo que no sabemos es que, nuestros sueños no van a desaparecer por mas que no los estemos pensando en ese momento. Hay sueños que son tan fuertes, que se quedan ahí adentro, esperando que nos animemos a cumplirlos. Esperando que tomemos la decisión de ir tras ellos y actuemos en consecuencia.
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Tal vez no era el momento, tal vez nos conformamos, tal vez los miedos nos nublaron la vista. Pero aun no es tarde.
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Vos, yo, estamos a tiempo de ir tras aquello que alguna vez soñamos y anhelamos. Todo eso que alguna vez quisimos con muchas ganas sigue esperando ser realizado.
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Vos también estas a tiempo. Yo también estoy a tiempo.
Mientras estemos vivos aún podemos retomar esos sueños guardados. Saquemos la caja debajo de la cama, limpiemos el polvo que la cubre, destrabemos los miedos, abracemos la ilusión.
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Si, vos, abrí la caja, sácale las cadenas, recordá lo que alguna vez quisiste, tal vez (y seguramente) hayan cosas que cambiaron y que ya no las quieras, o tal vez las quieras distinto. Pero tal vez hayan otras que sigan intactas.
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Abrí la caja, destraba lo que la bloquea, y fíjate otra vez. Tal vez hoy, con otros ojos, otras ganas y otras batallas perdidas y ganadas, entiendas que es una deuda con vos misma/o y tal vez hoy, decidas volver intentar ir por lo que alguna vez soñaste.
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Aun no es tarde.
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CRE

Libertad.

Y si, uno se enamora de la libertad.

La libertad es algo que nos atrae siempre, en todos los ámbitos de nuestra vida.
Poder decidir, actuar, pensar, decir y sentirnos libres no es poca cosa.
Por eso creo que nos enamoramos de ella cuando la conocemos, porque cuando la conocemos, no hay vuelta atrás.
Vamos seguir buscando donde ser libres y con quienes poder ser libres.
Porque siempre que nos tengamos que limitar en nuestro sentir, se sentirá como el lugar equivocado.
Y siempre que encontremos lugares y personas que nos acerquen a sentirnos libres, será algo que nos motivará.
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CRE
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Feliz no día amor de mi vida.

Y de pronto, conoces a una persona y te das cuenta que no querés pasar ni un día lejos de ella. Conoces a alguien a quien querés contarle todo lo bueno que te pasa. Pero también encontrás calma y paz en sus brazos durante las tormentas.
Un día sin buscarlo, encontrás a alguien que te da todos los motivos sin excusas de por medio y lo que pasa es tan fuerte que no te queda otra que dejarte llevar, porque los dos sienten lo mismo.
Un día, sin buscarlo ni esperarlo, aparece esa persona que ta de vuelta la cabeza y te sacude el corazón, lo hace vibrar más fuerte. Y sentís y sabes que es ahí, porque es distinto a todo y simplemente fluye, podes ser vos sin contratiempo. Es lo que alguna que creías tener pero en el fondo sabias que no era así, y ahora entendés porque lo otro no fue.
Y pasa que aunque busques excusas cobardes no encontrás ninguna porque el miedo poco a poco desaparece y ahí, ahí encontras amor.
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Y si, al amor no lo vamos a encontrar en la superficie, tenemos que ir más allá, a la profundidad. Donde podamos conectar desde lo más sincero del alma.
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CRE

El edificio que refleja el sol.

Tengo la suerte de vivir en un departamento con balcón, por lo que en el comedor tengo una amplia visibilidad al edificio de enfrente. 
No les cuento esto porque el edificio sea lindo, sino que el edificio tiene vidrios espejados y siempre que llega la hora en la que atardece  pispeo a través de la ventana como se refleja en ellos el atardecer.
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En base a eso se cuando si o si tengo que sacar medio cuerpo afuera de la ventana de mi habitación (que es en la que mejor visibilidad tengo hacia donde se esconde el sol), para poder fotografiar algunos atardeceres que te dejan alucinando, sin más, como este.
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CRE





El motor de la vida.

Yo creo que todos perseguimos algo en la vida, es decir, siempre estamos en busca de algo y muchas veces ni si quiera sabemos que es. Y me refiero a algo que va más allá de los mandatos sociales preestablecidos que “debemos” seguir. Me refiero a algo que quema dentro, a algo que permanece dormido dentro nuestro, esperando salir.
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En mi caso, lo que poco o mucho (siempre va a depender desde donde se mire y desde quien lo mire) experimenté, me llevo a vivir una serie de sensaciones y emociones que desde que lo viví por primera vez, de esa forma tan intensa, no hago otra cosa que esperar para volver a sentirme de esa forma otra vez.
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Y si, ya se que me van a decir: “no esperes, haz que pase”.
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Hay momentos que son ahora o nunca y hay otros, que aún no deben ser. En mi caso, estoy trabajando en ello.
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Pero, volviendo, esas sensaciones de las que hablo, surgieron en 2 viajes distintos en particular, uno realizado en familia al Norte argentino y otro, realizado en pareja y con amigos a la Patagonia argentina. Si bien también las he logrado experimentar nuevamente en unos viajes espontáneos y recientes, fueron de una manera mucho más fugaz que aquellas dos primeras veces.
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Siento que eso que experimenté es como una especie de motor en mi vida. Algo que no quiero no volver a sentir y por consiguiente, algo por lo que voy a seguir luchando.
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Si, ya se! Estoy hablando de viajes,  algo que está un poco mucho de moda en estos tiempos, pero no importa. Lo peculiar, por así describirlo momentáneamente, es que no lo siento cada vez que viajo. Si bien cada vez que viajo, aunque sea por unas pocas horas, renuevo energías y me lleno de felicidad, no todos los viajes me generan lo mismo que las veces que describo anteriormente. Más allá de saber que, no siempre experimentamos lo mismo dos veces. De todos modos creo que es posible sentirme así otra vez.
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Entonces, si hablamos de que siempre nos falta algo, porque por defecto la falta es nuestro motor en la vida,  yo voy en busca de esas sensaciones que hasta ahora, solo las he encontrado en “la ruta”, pero sobre todo, en la inmensidad de la naturaleza.
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He intentado encontrar una explicación que me sirva, al menos por ahora, de por qué esas dos veces en particular me sentí de esa forma. Y aunque ha sido un poco inútil, me animaría a decir que, lo que diferencia esas veces de las otras, es la conciencia del momento. Como si aquellas veces me hubiera sentido parte de ese todo inmenso que me rodeaba y que se unía todo a la vez. Conciencia que tal vez no he logrado volver a experimentar, ni generar.
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Seguro a más de uno le pasó de sentirse chiquito frente a una gran montaña, o perdido dentro de un gran bosque, o con ansiedad y emoción frente a un precipicio, etc, los ejemplos pueden ser infinitos.
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Pero más allá de todo eso, lo que generó en mi viajar y encontrarme frente a la grandeza de la naturaleza, fue un profundo sentimiento de libertad y
plenitud. No lo puedo explicar muy bien, porque tampoco lo termino de entender, pero fue una mezcla de sensaciones y emociones que me invadieron el alma y el cuerpo haciéndome sentir como si nada faltara. Fue como si el tiempo se detuviese. Me sentí como adormecida, pero más viva que nunca.
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Desde ese momento, no hago otra cosa más que ir en busca de eso. Ese es, al menos por ahora, mi motor en la vida. Volver a sentirme de esa forma tan extasiante y “peculiar”. Me gusta la palabra peculiar, porque es una mezcla de cosas, y describe en parte, un poco como me sentí. Aunque también podría decir que fue “magico”, pero con este termino no me termino de hallar. (Esto tal vez sea una discusión para otro momento).
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Pero, volviendo al tema y por último, esto que les cuento, y son los primeros en saberlo, es mi motor día a día. Aunque siento que cada vez estoy más cerca de ello, por ahora es una añoranza, sobre todo en tiempos donde la libertad está siendo reducida.
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PD: si quieren entender un poco más a lo que me refiero, les dejo los títulos de los escritos que lo representan. Que fueron el resultado de aquello vivido. “La viajera” y “Momentos en caja de Cristal”. Ambos escritos pueden encontrarlos en el blog.
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Atte, CRE.

Córdoba querida.

La verdad es que no suelo hallarme en fotos donde se muestra la ciudad, ciudad en general. Me cuesta mucho, por más linda que sea la foto, me cuesta romper con la tosquedad del asfalto y poder ver más allá, aunque haya mucho para ver.
Pero en este caso, después de tantos años que vivo en Córdoba, este atardecer me recordó un poco viejas sensaciones de cuando vine a vivir por primera vez a esta bella ciudad.
Los colores de la imagen me transmiten paz y calma, en una ciudad, un mundo, cambiante, caótico y fugaz.
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Esta vez, la foto de la ciudad me gustó y quise compartirla con uds.
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CRE
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Las estrellas y la manta en el piso.


Hoy me detuve a observar el cielo nocturno y noté a Sirius y Canopus. Automáticamente me transporté a aquella noche en la que tiramos una mantita en el pasto y nos pusimos a ver cuáles estrellas eran las más brillantes. Vos, con tu programa en el celu averiguando nombres y datos que no entendiamos como es posible que alguien los sepa y yo aferrada a tu pecho escuchandote hablar.

Mientras más tiempo pasábamos afuera observando, con mayor intensidad las estrellas parecían brillar.
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Esa noche, las estrellas se encendieron y en la inmensidad de la noche, la oscuridad brilló.
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Hoy, cada vez que veo hacia arriba, nos veo, amor.

CRE